Saber escuchar es un arte que todos podemos llegar a desarrollar.

 

“Del escuchar procede la sabiduría, del hablar el arrepentimiento” –

Proverbio italiano

 

¿Sabemos escuchar?

 

Antes de empezar con la cuestión que no centra hoy ¿sabemos escuchar?, voy a compartir una vivencia propia. Hoy me he sentado en una cafetería a desayunar y para mi propio entretenimiento he empezado a observar a las personas que estaban a mi alrededor.

 

Quizás a alguna de vosotras también os gusta mirar lo que pasa a vuestro alrededor e imaginaros como debe ser la vida de alguna persona en concreto, qué hace ahí, pensar a qué se puede dedicar, incluso cuál puede ser su nombre, sin etiquetar, sin juzgar, únicamente imaginar. 

 

A veces, por alguna razón, una persona concreta capta toda mi atención y, sin observar de un modo intrusivo, doy paso a desplegar todo mi creatividad y, sin que esa persona se entere o eso creo, la pongo al servicio de ese personaje que me estoy inventando.

La mayoría de veces sólo son 10 minutos pero me fascina ya que normalmente fantaseo con una vida maravillosa para la persona en cuestión. 

Durante el desayuno de hoy, ha captado mi atención un grupo de mujeres, que deberían de ser amigas o compañeras de trabajo. De forma general me gusta analizar y cuestionar la manera en la cual nos solemos comunicar con nuestro entorno.

Más allá de la conversación que mantenían este grupo, desde mi perspectiva observaba sus gestos, su fisiología, los rasgos de su comunicación cuando interactúan entre ellas, y de toda esta observación ha surgido el tema del artículo de hoy.

 

¿Para qué escuchamos?

 

Cómo me he puesto en el papel de observadora hablaré de las demás personas no pretendiendo hacer crítica ni dando por hecho que en mi caso mi forma de comunicar roza la perfección si no todo lo contrario pues este prisma me permite detectar esos aspectos que también residen en mí. Para ello me basaré en experiencias propias. 

En determinadas ocasiones, estamos hablando con una amiga o familiar, y ésta nos hace una pregunta o nos está explicando algo qué le ha sucedido. Es curioso como muchas de esas veces sentimos el impulso de contestar antes de permitir que la otra persona finalice su pregunta o cuestionamiento.

Ya nos hemos hecho una imagen o una idea en nuestra cabeza y eso determinará nuestra respuesta mucho antes de tener toda la información. Proyectamos esa creación o esa opinión, moviendo ligeramente nuestra boca o nuestro cuerpo, sin necesidad de articular palabra esa proyección o respuesta ya se está dando. 

Considero que el acto de saber escuchar es un arte y sinceramente, en nuestra sociedad o entorno, encuentro poca gente que realmente sepa practicarlo. 

Entonces, ¿para qué escuchamos? Escuchamos para poder tener el privilegio de responder. Sea cual sea el motivo, el razonamiento, la cuestión en sí. Rara vez se escucha a alguien decir que no sabe nada sobre ese tema y que debido a eso es difícil tener una opinión sólida al respecto.

Es como si tuviésemos la necesidad imperiosa de dar respuesta a todo como cuando rellenas un test de cualquier tipo. 

Muchas veces, mientras conversamos, vamos trasladando nuestros miedos, creencias o limitaciones, o simplemente respondemos desde el juicio o la etiqueta. Sobretodo cuando es un familiar o hay muchísima confianza, escuchamos palabras vacías con el objetivo de decir a la otra persona que debe hacer. 

 

¿Y si aprendemos a escuchar al ser?

 

Practicar el arte de saber escuchar facilita nuestra comunicación. Nos ayuda a tener relaciones más saludables. Nos permite ver a los demás desde otra perspectiva, desde un silencio libre de juicios, así pues, pasamos de hablar con “la persona” esa que está etiquetada a mantener una conversación entre esencias. 

Si escuchas dando espacio a la otra persona de manera paciente, observas tus pensamientos y tranquilamente respiras antes de responder, le estás dando la oportunidad a que también interactúe contigo en ese mismo modo. 

Generar este clima de comunicación se acaba convirtiendo en un baile de palabras donde el ser se siente libre, el cuerpo se relaja y las almas se encuentran. 

Practicar la escucha como si de una competición se tratase te aleja de una comunicación efectiva y por tanto de las relaciones saludables. Conocer el arte de saber escuchar con conciencia y verás cómo tanto tú y tu entorno os sentís más libres y realmente escuchados. 

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¿Sabemos escuchar?

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